¿Hacia dónde va Disney?

Parte 4: Devorando la industria

La expansión de Disney en los últimos tiempos es algo alarmante. La otrora entrañable compañía que inspiraba sueños en los niños, ha ido adquiriendo más y más volumen con los años, comprando y absorbiendo más y más propiedades, sin limitarse al cine. A día de hoy, The Walt Disney Company tiene que añadir a su patrimonio audiovisual varios canales de noticias y entretenimiento y parques temáticos, así como las varias compañías que han incorporado a su estructura. Sin remontarnos mucho, en los últimos años Disney compró Pixar a Steve Jobs por la suma de 7400 millones de dólares,

Star Wars a George Lucas por 4000 millones,

(idéntica al precio pagado por Marvel Entertainment), y sin olvidar, ni mucho menos, la más ambiciosa transacción comercial de la historia, con la que adquirió todas las propiedades de 21st Century Fox por la apabullante cantidad de ¡10.000 millones de dólares! Algo que, ya sin sorpresa, los Simpson predijeron hace muchos años.

Una lista de adquisiciones semejante despertó el ingenio de los internautas, que rápidamente compararon a Mickey con Thanos, el villano de Marvel obsesionado con reunir las seis Gemas del Infinito.

Pero, ¿pueden los directivos de la Casa del Ratón mantener ese rimo de compra? Muy probablemente sí, puesto que Forbes cifraba el valor de Disney en 2015 en nada más y nada menos que en 500 000 millones de dólares, lo que permite dejar estas inversiones a la altura de la calderilla. Mareante.

Las consecuencias de un monopolio como el que se avecina, en el que Disney, u otro titán del entretenimiento, gobernaría la industria con mano de hierro, es preocupante. ¿Podemos imaginar un mundo lleno de productos manufacturados en serie, idénticos unos otros, repetidos en base a fórmulas que se han demostrado exitosas en innumerables ocasiones? Yo al menos, sí puedo, pues se parece, cada vez más, al panorama actual.

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